Omar Barba

TrangresosrsDiary70x170cm
Lunaticos70x170cm
Omar Barba-Tokio monogatari 130x170cm 40mil
Last Glaciar200x110cm2016
Oceano Pacífico 120x200cm
Cosmos110x160cm
Cumulus nimbus120x120cmacrílico
Sakura blossom100x200cmacrílico
Termodinámica 90x200 acrilico 2017
Aborigenes70x70cm
Interstellar-host-body60x170cmAcrulyc2017
Leviathan-130x170cm
Dimensional-Shift-90x79cm
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Nació en la ciudad de México el 17 de septiembre de 1971. Número 1791971 palíndromo.

Estudio Arquitectura en la UNAM de 1991 a 1996. Artista autodidacta desde 1991. Dedicado exclusivamente a la creación artística desde el año 2000.

Intimidad Cósmica Orgánica

Hablar de la obra de un artista es de por si un riesgo muy grande, pero hablar de la obra de un artista amigo lo es aún más. La vista en su privilegio de observar no se detiene ante nada, o casi nada, pero a diferencia de una cámara no es imparcial y objetiva, la vista es analítica, suspicaz y aventurera. Permanentemente crea ideas paralelas a lo que observa, y en el trabajo de Omar esta función se multiplica por mil.

Me resulta imposible ver sus cuadros sin viajar de la amplitud del cosmos al detalle minúsculo de lo microscópico. Es fácil concluir que ambos universos confluyen en su trabajo. Creando universos sin tamaño donde el color determina el carácter del paisaje, combinando de manera única las rectas fractales matemáticas y las onduladas biologías de lo sanguíneo, mezcla tal vez proveniente de arquitecturas genéticas, cóncavo, convexo, pero irremediablemente curvo, como si el tiempo dejara su huella húmeda sobre los planos de su propia historia.

De color personal, trabajo de años de mirar, de hurgar; por qué no decirlo en los adentros, de un todo, de curiosidad infinita, aquí no hay fronteras geométricas, pero hay distancias, como paralelos en el mapa de su propia geografía, hay latitudes, paralelos, líneas que se pierden en montañas imaginarias, en cordilleras fantásticas.

Línea y forma en desacuerdo, como la vida misma, norte y sur que sin verse se necesitan, aquí vemos lo ineludible del destino que une lo más diverso, ver no es suficiente, lo que a primer golpe de vista es de por si una oleada de color y formas, al observar se llena de detalles inquietantes, contemplar es una labor necesaria en esta obra que no puede dejar de descifrarse. Hay mensajes por todos lados, que nos recuerdan lo que somos y fuimos.

Un viaje al centro de una creación, una explosión en la no se ha tomado forma, saltan por doquier trozos grandes de ángulos, de células, agua, fuego y sangre. Origen y destino de una implosión al centro del ser mismo, indeterminado pero complejo. Cada cuadro es un “Big Bang”, un origen universal, donde la labor del espectador es terminar su obra, como pequeños dioses uniendo en ideas el destino final de la obra.

Aquí nada está dentro de los límites de nada, la pasión se entrega libre, pero recuerda que los lineamientos universales existen, y no se sabe para que existen, pero están ahí, siempre presentes dando constancia de la existencia del orden dentro del aparente caos.

Artista completo y arriesgado audaz y profundo, Omar nos muestra un pequeño, pequeñísimo detalle del infinito en cada pieza, infinito que se ve en apuros al rebasar el lienzo, busca salidas y las encuentra, por eso creo que al verlos, siempre nos contagian de algo, siempre nos llevamos parte del universo creado para nosotros en manos del pintor.

Pintor con todas las de la ley, con los años que marcan el rostro y las telas, con la experiencia que suscita un carácter en cada línea, en cada protuberante textura, donde el azar se maneja bajo las reglas de una cosmovisión muy bien estructurada dentro del caos, bajo la penetrante mirada que no deja escapar detalles, mirada que se compone de muchas miradas, plural y completo, de color particular y trazo firme, así es acercarse a la obra de un pintor como Omar.

Pero dejo estas letras a su juicio, al juicio universal de la particularidad, porque al final que más puede hacer un amigo… que agradecer el privilegio de tener pasaporte para entrar en esas íntimas regiones del oficio, el quehacer, y la vida misma.

Jesús Muñoz Madrid,
invierno, 2013